Acerda de mi

qxif-connectdevelop

Arte e Ingeniería

 

Mi vida siempre ha transcurrido entre dos mundos.

Durante años estudié y trabajé como Ingeniero en Sistemas, aprendiendo a analizar problemas, construir soluciones y entender cómo funcionan los sistemas complejos. Al mismo tiempo, nunca dejé de escribir, crear música e imaginar historias.

Lo que comenzó como dos caminos distintos terminó convirtiéndose en uno solo. Gran parte de mi trabajo creativo nace de una forma de pensar profundamente influenciada por la ingeniería, mientras que muchas de mis soluciones técnicas se benefician de la imaginación y la curiosidad propias del arte.

Por eso no me considero únicamente ingeniero ni únicamente escritor. Me interesa construir cosas: a veces son aplicaciones, a veces son historias, y en ocasiones son universos completos. El medio cambia, pero la motivación sigue siendo la misma.

Hoy esos dos caminos conviven en todo lo que hago. Ya sea diseñando software o construyendo universos narrativos como Gen H, mi trabajo siempre surge de la misma necesidad: comprender cómo funcionan las cosas y crear algo que antes no existía.

Sin Miedo a Intentarlo

Si hay algo que ha definido gran parte de mi vida, es la disposición a intentar cosas nuevas, incluso cuando no existe garantía de éxito.

Esa forma de actuar me ha llevado a cometer errores, enfrentar fracasos y atravesar situaciones complicadas. Sin embargo, también me ha permitido acumular experiencias que difícilmente habría obtenido quedándome en mi zona de confort.

A lo largo de los años he intentado construir mi propia empresa, independizarme siendo el primero de mis hermanos en hacerlo, participar en proyectos tecnológicos poco convencionales y asumir retos profesionales que parecían demasiado complejos para una sola persona. Entre ellos se encuentran el desarrollo de una portería electrónica de entrenamiento deportivo, sistemas de manejo de dinero virtual para centros penitenciarios y diversos proyectos de software especializados.

La escritura también forma parte de esa misma filosofía. Emprender una obra tan extensa como Gen H implica años de trabajo sin ninguna certeza de reconocimiento o publicación, pero siempre he creído que vale más la pena intentarlo que quedarse preguntándose qué habría pasado.

No puedo decir que todos los riesgos hayan salido bien. Lo que sí puedo decir es que ninguno me dejó sin aprendizaje.