Muchas veces hemos escuchado la frase: "Borrón y cuenta nueva". En ciertas situaciones parece una idea bastante acertada. Por ejemplo, cuando escribimos las primeras líneas de una entrada para un blog y el resultado es un desastre total. De pronto descubres que tus habilidades para escribir no son tan buenas como imaginabas. En la primaria parecía sencillo, pero entonces solo transcribías; era un movimiento mecánico. Crear algo desde cero es completamente distinto.

Así, inevitablemente, terminas rehaciendo el texto una y otra vez. Descubres que tampoco tiene el sentido ni la coherencia que buscabas y, después de varios intentos fallidos, no hay nada más tentador que borrar todo y comenzar de nuevo.

El problema aparece cuando intentamos aplicar esa misma lógica a la vida cotidiana. Ahí no podemos borrar la memoria de las personas, hacer desaparecer las consecuencias de nuestros actos o reparar por completo ciertos daños. En la vida real debemos convivir con nuestros errores y también con nuestros aciertos.

Pero entonces, ¿de qué trata esta entrada? Quizá usted, querido lector, piense que me paso escribiendo obviedades, cosas que ya comprendió hace años.

Y no estaría equivocado.

Solo intento introducir una idea que llegó a mí en esta etapa de mi vida: el concepto del borrón y cuenta nueva. Sin embargo, después de reflexionarlo, comprendí que realmente no existe. Lo único que podemos hacer es mirar la vida desde el presente con una actitud diferente y corregir el rumbo que hemos seguido.

No es que me encuentre inmerso en una existencia caótica o vacía de propósito. Tampoco vivo una tragedia personal. Más bien, después de haber atravesado esa etapa en la que todo son sueños y la vida adulta parece un horizonte lejano, me encontré viviendo en un mundo que no me gusta del todo, dentro de una rutina que poco tiene que ver con aquello que imaginaba cuando era estudiante.

En pocas palabras, descubrí que no era feliz.

Y eso resulta extraño de admitir, porque he tenido logros y reconocimientos. He encontrado el amor en varias ocasiones, conservo buenas amistades y he tenido la oportunidad de conocer distintos lugares. Sin embargo, sentía que aún faltaba algo.

Con el tiempo entendí qué era: la libertad sobre mi propio tiempo.

Es una libertad difícil de alcanzar, porque todos dependemos, en mayor o menor medida, de otras personas y de las circunstancias que nos rodean. Quienes trabajan para alguien están sujetos a las decisiones de una empresa, a los días de vacaciones que les conceden y al sueldo que reciben. Quienes emprenden sus propios proyectos dependen del éxito de sus negocios, de las necesidades de sus clientes y de los ingresos que logren generar.

Por ello terminamos atrapados en un dilema constante: tiempo o dinero.

En la vida moderna ambos son indispensables. Nadie desea tener tiempo sin dinero, ni dinero sin tiempo. Y salvo algunas excepciones afortunadas, generalmente debemos invertir más tiempo para obtener más recursos.

Mi llegada a la vida adulta me enfrentó inevitablemente a esa realidad. Sin embargo, también descubrí que muchas cosas siguen dependiendo de nuestras decisiones. Siempre podemos mejorar la calidad del tiempo que tenemos disponible. Siempre podemos optimizar la forma en que generamos ingresos. Aunque existan límites, nuestra actitud frente a la vida sigue siendo una elección.

Por esa razón decidí adoptar una nueva perspectiva.

Yo, que ya no dependo de un horario fijo ni de una estructura tradicional de trabajo, sino que obtengo resultados en función de la eficiencia de mi propio esfuerzo, he decidido asumir plenamente mi papel como emprendedor.

Ese es mi verdadero borrón y cuenta nueva.

No significa olvidar lo aprendido ni renunciar a mis orígenes. Tampoco pretende negar los errores del pasado. Significa tomar un rumbo mejor aprovechando todo aquello que la experiencia me ha enseñado.

También he decidido dejar un registro de las lecciones que vaya aprendiendo y de las experiencias que acumule en el camino.

Así que, si decides acompañarme, espero que algo de lo que encuentre pueda servirte también a ti.